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El juego es cosa seria

Por Elena Zabaleta

Licenciada en Psicología (MN 34358)

Para Untable Magazine

“¡Mirá, abuela! ¡Mirá cómo vuela el barco!”, dice el niño deslizando un barco de juguete por el aire encima de su cabeza.

“Los barcos no vuelan”, dice la abuela, mirando de reojo casi sin mirar.

“Sí. ¡Mirá!”, dice la mamá, señalando al niño y al barco que vuela. “Los barcos vuelan. Allí está la evidencia”.


¿Por qué es importante seguir jugando, aunque hayamos crecido y no seamos ya niños?


Crecemos y nos desarrollamos a partir del juego con la realidad. Sin embargo, muchas veces se relaciona el juego a la infancia y adolescencia. A medida que vamos pasando etapas, nos vamos olvidando de jugar. Pero el juego es una llama que está allí para que no se apague nunca durante la vida. El juego está íntimamente relacionado al desarrollo de una autoestima saludable.


“Es en el juego y sólo en el juego que la niña o el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo”, aseguró el pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés D. Winnicott (1896-1971).

En el espacio de la fantasía, del juego, todo es posible, todo es transformable, todo puede tener lugar. De la fantasía surgieron los inventos pequeños y también los grandes, porque allí reside la capacidad de crear, la creatividad.


Cuando alguien se acerca diciendo que no es creativo, en verdad lo que está diciendo es que no está en relación cotidiana con su fantasía, que no juega. Creamos desde el juego, desde lo que conocemos y “hasta el infinito y más allá”. Es parte fundamental de la vida, es lo que nos permite avanzar, pensarnos distintos, modificarnos y modificar la realidad.


La abuela tiene razón: los barcos no vuelan en la realidad tangible del mundo real, pero la mamá también tiene razón en que sí vuelan porque allí está la prueba… el niño y el barco están ante sus ojos, es evidente, innegable.


El espacio del juego dice el D. Winnicott es un espacio transicional, de cambio. No es real ni deja de serlo. Es real en el aquí y ahora del juego. Es una experiencia que es real al momento de vivirla.


Cuando somos pequeños, el juego es parte de la vida cotidiana y es esperable y saludable que nos ocupe la mayor parte del día. Es allí donde jugamos para entender e incorporar la realidad, además de seguir inventando y creando mundos posibles.


A medida que vamos creciendo, la vida real toma más y más espacio al punto de relegar el juego para cuando haya tiempo o cuando haya un niño cerca que nos permita/habilite jugar. Es muy común ver a abuelas y abuelos, tías y tíos, padres, madres, entusiasmarse con juegos de niños, volviendo a ser niños.


Es que el espacio de juego no debería perderse o abandonarse conforme crecemos. Ser grande, ser adulto, no tiene nada que ver con “dejar de jugar”. Podríamos decir que a medida que crecemos nos incorporamos mejor al juego de la vida, el que propone nuestra sociedad actual, pero no por eso se cierra nuestro espacio lúdico personal, o no debería. La capacidad de vivirse protagonista y no un muñequito inerte en un tablero radica en la posibilidad de jugar activamente en la vida cotidiana.


En el consultorio aparece a menudo la necesidad de hacer modificaciones en el trabajo, (reclamos, mejora de condiciones, etc.). Ante la pregunta “¿Por qué crees que no le das lugar a ese reclamo?”, la respuesta en general es “Porque no se puede”. Nos atamos a reglas autoimpuestas, nos subimos al tablero de la vida cotidiana y nos olvidamos de nosotros mismos y de nuestra capacidad y necesidad de jugar. Pero, en verdad, adonde vayamos, allí también va nuestra capacidad de fantasear, jugar, modificar, crear. No nos olvidemos, no queda atrás.


¿Y cómo incorporo esto a mi vida?


A veces encontramos un lugar de juego en las diferentes disciplinas artísticas (teatro, dibujo, pintura, música, danza) porque habilitan espacios de creatividad que nos permiten volar, fantasear y concretar aquello que nos imaginamos.


Pero si no es allí, también podemos hacer “intervenciones lúdicas” a través de líneas de fuga en la realidad. Sobreponiéndonos a la lectura llana y concreta, yendo más allá de lo que vemos.


La mayoría de las personas se queja de la rutina, ¿se preguntaron por qué siempre hacemos lo mismo de la misma manera? Automáticamente… perdiendo protagonismo en nuestras acciones… ¿Y si pusiéramos atención y buscáramos divertirnos en el hacer cotidiano? Caminar de manera diferente de la cama al baño, ir por la vereda de enfrente hasta la parada del colectivo, un día que tengamos tiempo cocinar con nuestra mano no-hábil, hacer comidas componiendo cuadros en el plato, disfrazarnos para cenar en familia… También jugar un juego de mesa nos lleva a otra realidad, a descansar la mente, “a pensar en otra cosa”.


El juego es vital para el descanso, la relajación, la restitución de la energía y la creación y recreación de nosotros mismos. Se abren puertas infinitas hacia mundos imposibles que a través del juego se vuelven posibles y de los cuales surgen y surgirán los nuevos inventos que formarán parte de las nuevas realidades.


Jugamos y así nos sorprendemos y allí, lejos de ser muñequitos en un tablero, nos metemos en la trama de la vida cotidiana, participamos. A veces es solo cambiar la mirada, jugar al “dale que…”. “Dale que…”.


Lic. Elena Zabaleta

MN 34358



 

RESEÑA


Acerca de la película Amélie (Francia, 2001)


Amélie es un personaje que nace fuera del discurso general. Su realidad desde el nacimiento es interpretada de un modo excéntrico. Amélie opera y acciona sobre las coordenadas propuestas y así genera nuevas realidades. Los personajes se ilusionan, curan, sanan, concretan sueños, a partir de nuevas posibilidades que ella abre desde el juego. Como por ejemplo cuando, ante el estancamiento de su padre, decide mandar a viajar al enano de jardín por el mundo para despertar sus ganas dormidas. La vida no tiene por qué ser chata, triste, rutinaria. Es una película que parece surrealista pero está sustentada en la realidad, todas las intervenciones son posibles de hacer. Solo hay que mirar más allá de lo que vemos y atrevernos a poner en juego nuestra imaginación. Cambiar la realidad.

 

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