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Entre montes y valles. El arte del pop-up


Por Valeria Bank

Diseñadora gráfica y docente especializada en Ingeniería en Papel


En el ejercicio de plegar el papel, nuestras mentes salen de paseo, descansan del quehacer diario y se entregan al placer de conectarse con lo lúdico y creativo.


El sencillo acto de doblar encierra todo un significado en la Ingeniería en Papel. Quienes trabajamos este material, sabemos que el doblez es un movimiento poderoso. Un movimiento que logra cambiar la forma original, darle una nueva dirección al papel, modificar el sentido que llevaba y pasar a otro lado.


Tanto el origami como el pop-up tienen en su esencia la acción de doblar el papel: del monte al valle, invirtiendo el sentido, uniendo vértices o doblando justo a la mitad. Así, la versatilidad del papel se une a la geometría para lograr juntos las más bellas piezas desplegables.


Doblar también es aumentar. Es tener el doble, dos momentos: el antes y el después; transformando una simple hoja de papel en una flor, una caja o el espacio donde contar una historia.


DIMENSIONES


En mi trabajo trato de usar de manera creativa los recursos plásticos que da el papel, pero siempre priorizando el mensaje que quiero llevar con la obra.


En mi libro de artista Dimensiones utilicé técnicas mixtas: lengüetas, piezas desplegables y troqueladas. La lectura nos lleva de viaje, hacia lo largo, el alto y lo profundo hasta llegar a la cuarta dimensión. Al plegar el libro en formato acordeón logramos tener una lectura tanto secuencial (pasando hoja por hoja), como global (desplegando todo el papel) y así multiplicar las formas de lectura.


A su vez cada página es una solapa que se abre, hacia el lado izquierdo, hacia arriba, hacia abajo y hacia la derecha, permitiendo reforzar la idea más allá de la imagen: desde el soporte.


APRENDER POP-UP


Desde pequeña me había dado mucha curiosidad el movimiento del papel. Desarmaba y volvía a armar libros pop-up una y otra vez. De esa manera inicié mi camino autodidacta.


Comencé a dar talleres de pop-up en el año 2005, cuando mi amiga Lucila me invitó a dar clases en el taller La Brea, en Mar del Plata, mi ciudad. Así, empecé a enseñar todo lo que sabía del pop-up.


Luego, en los talleres que impartí continué aprendiendo y encontré una vocación. Desde ese momento, viajé por casi todo el país brindando talleres de pop-up.

Hoy, 15 años después, las puertas del taller cerraron momentáneamente por el momento tan particular que nos toca vivir.


Pero también abrieron una nueva ventana, una ventana virtual para llegar a mucha más gente que, como yo, ama trabajar con papel.


Cada semana voy armando una nueva clase con una técnica diferente compartiendo el maravilloso mundo de la ingeniería en papel. Y en cada trabajo que recibo, mi corazón se infla contento de ver cómo las distancias no impiden aprender y crear.



 

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