Omar Lares: “Escribir fue un salto hacia lo desconocido”
- Untable Magazine

- 23 sept
- 8 Min. de lectura

Omar Lares creció en Lanús, en una familia donde el fútbol marcaba el pulso cotidiano y la música cada recuerdo. Contador público de profesión, nunca se imaginó escritor, hasta que la terapia lo llevó a descubrir que las historias guardadas podían transformarse en literatura. En sus páginas, el fútbol se vuelve identidad, la música emoción y la vida de barrio un escenario imprescindible. Con disciplina profesional y creatividad literaria, Lares desarrolló un método propio para contar lo simple con hondura y lo íntimo con resonancia colectiva. En esta entrevista con Untable Magazine, Omar Lares nos cuenta cómo escribir se convirtió en un verdadero salto hacia lo desconocido, un acto de descubrimiento personal y literario.
Creciste en Lanús, en una familia de clase trabajadora. ¿Cómo influyó tu infancia en tu manera de contar historias?
—Mi infancia en Lanús fue humilde, sencilla y feliz. Eso me permitió tener una mirada muy concreta sobre la vida: el esfuerzo, la solidaridad y también las dificultades cotidianas. Crecí escuchando historias en la mesa familiar, en la vereda y en el club. Mi padre fue el fundador de un club de barrio, el Club Atlético 1° de Mayo en Remedios de Escalada. Eso me enseñó que lo pequeño, lo que a veces parece insignificante, puede tener una fuerza narrativa enorme. Me enseñó a mirar lo cotidiano con valor. Lo simple puede ser profundamente narrativo.
¿Qué papel jugó tu barrio y tu comunidad en la formación de tus valores y tu forma de mirar la vida?
—El barrio, junto con la primaria, fue mi primera escuela. En la calle y en el potrero aprendí el valor de la amistad, del respeto y de la lealtad. Era un mundo donde todos se conocían y se cuidaban, y esa sensación de pertenencia me marcó para siempre. Hoy, cuando escribo, vuelvo a esos códigos barriales que forman parte de mi identidad, de mi historia.
Tu familia siempre estuvo vinculada al fútbol, y vos también. ¿Qué lugar ocupa este deporte en tu identidad y en tu literatura?
—El fútbol fue mi primera pasión y mi primer lenguaje, antes de hablar ya pateaba una pelota. Es parte de mi ADN familiar. En mi niñez, en mi adolescencia y hoy como padre, siempre viví en una familia que respiraba —y respira— fútbol; muchas cosas giraban y siguen girando alrededor de la pelota. Y yo crecí con ese pulso. Mis hijos crecieron con ese pulso. Mi padre y uno de mis hijos fueron casi profesionales; yo llegué a jugar hasta una cuarta división.
El fútbol me enseñó a leer emociones, a entender silencios y euforias. En mis novelas, muchas veces aparece como telón de fondo porque es parte inseparable de mi identidad.
Siempre digo que el amor por el fútbol fue lo que le dio sentido a muchos momentos de nuestra vida en familia. Nosotros, como familia, amamos a Lanús. Somos hinchas del Club Atlético Lanús, el club de barrio más grande del mundo. Pero cuando hablo de esa pasión, intento transmitir cómo un club y un deporte —el fútbol— pueden convertirse en parte de la identidad familiar, transmitiéndose de generación en generación. En nuestro caso, ser hinchas del Granate se transformó en una verdadera tradición familiar.
Contás que descubriste la literatura “de grande”. ¿Cómo fue ese momento de revelación y decisión de empezar a escribir?

—Fue como encender una luz en una habitación oscura. Un despertar. En una sobremesa, después de un acontecimiento familiar duro, Andrea, mi esposa, me dijo que tenía que contar la historia. Esa noche entendí que podía transformar recuerdos y vivencias en palabras, y que esas palabras podían conmover a otros. No lo viví como una decisión racional, sino como una necesidad que se abrió paso y ya no me dejó volver atrás. Necesitaba que de ese despertar me levantase y me pusiera a escribir; fue una necesidad, un sentimiento.
A lo largo de tu carrera literaria, ¿cómo combinaste la disciplina profesional con la creatividad literaria?
La disciplina la aprendí en mi vida profesional, y la literatura me pidió otra clase de rigor: el de sentarse, día tras día, incluso cuando no hay inspiración. Combinar ambas cosas fue un aprendizaje. Mi profesión es muy estructurada, la escritura me permitió el atrevimiento, la imaginación, crear personajes. En la literatura, dos más dos no son cuatro. Pero, por ese orden de Contador que tengo, descubrí que la creatividad también necesita método, y que el oficio de escribir se parece más a entrenar que a esperar un milagro.
La inspiración necesita constancia, como entrenar todos los días.
Me encanta eso porque se nota en el avance de la escritura. No soy el mismo escribiendo las primeras catorce hojas de mi primera novela que el capítulo XII de mi tercera novela en proceso.
Tu primera novela, Hijo 'e Tigre, se basa en hechos reales. ¿Cómo equilibraste la memoria familiar con la ficción?

—La memoria hace del pasado, presente. Esta es una frase que uso y la usé en mi primera novela. Ese equilibrio fue un trabajo delicado. La memoria es poderosa, pero también incompleta. La ficción me permitió llenar silencios, explorar matices y darle forma literaria a experiencias reales. No quise hacer una biografía, sino una historia que pudiera resonar más allá de lo personal.
La memoria aporta verdad, la ficción aporta forma. La novela nació de esa mezcla.
¿Cuánto hay de Oscar y cuánto de vos en Hijo ’e Tigre?
—Mucho. Oscar es un personaje inspirado en mi infancia, mi adolescencia y mi adultez. Pero al mismo tiempo es una construcción literaria. Hay mucho de él, pero también mucho, pero mucho de mí: mi mirada, mis preguntas, mis silencios, mis gustos, mis olores, mis dolores, mis pasiones. En esa mezcla se armó la novela.
Oscar existe en la memoria; yo existo en la mirada. El libro es el encuentro de ambos.
¿Por qué decidiste convertir esas vivencias en novela y no en otro formato?
—Con la novela me sentía libre, la novela me daba libertad. Había muchos momentos familiares, momentos lindos y no tan lindos, momentos dolorosos y muy dolorosos, momentos alegres y otros difíciles. Momentos delicados de contar. Hacer novela la historia me permitió unir lo real con lo imaginado, lo vivido con lo soñado. Creo que fue la manera más honesta de contar una historia basada en hechos reales. Una historia que requería ser más que un recuerdo: necesitaba convertirse en literatura.
¿Cómo fue la transición de tu primera obra a tu segunda novela, Ella es un arcoíris?

—Ya me había despertado, necesitaba seguir escribiendo. Cuando se empieza a escribir, no dejas nunca. Por eso el paso fue natural y, al mismo tiempo, un salto al vacío. Ella es un arcoíris es pura ficción, pura imaginación. Pero me ayudó anclarme a un personaje de la primera novela, Daniel, el psicólogo aparece de nuevo. La primera novela me había dado confianza, pero también me dejaba la vara alta, el simple enfoque de que vuelva a aparecer un personaje que ya conocía me ayudó a diseñar la trama. Ella es un arcoíris me permitió explorar otros registros, otros temas, con más soltura y menos miedo. Me encantó escribirla. Y el resultado final me gustó mucho; siento que la segunda novela me abrió nuevos caminos.
La música, la filosofía y la psicología atraviesan tus historias. ¿Cómo integrás estas disciplinas en la construcción de tus obras?
—Amo la música, es algo que también digo que está en mi ADN, la mamé de chico, mi abuelo tocaba el bandoneón, tenía un hermano músico y disfruté de un montón de recitales; pude ver a muchas de mis bandas y cantantes favoritos. Como dice Julia, personaje de mi tercera novela, hay heridas que sólo la música puede nombrar… Además, me gusta ese mundo de combinaciones; siento que son como capas de sentido. La música me emociona, por lo tanto es emoción, aparece como un ritmo, un telón de fondo emocional. La filosofía, al ser reflexión, me ayuda a pensar los personajes con sus gustos, vicios y sus dilemas. Con la psicología trato de llegar a lo profundo, es profundidad. Con ello me permito indagar en lo que no se dice, en lo que late por debajo de las palabras, aprovechar del vínculo que puede existir con las emociones.
Ganaste el premio “Obra que abre fronteras” y “Made in Lanús - Cultura”. ¿Qué significan para vos estos reconocimientos?
—Son una caricia al alma, lo que espero de los lectores cuando leen Hijo 'e Tigre, el embajador de un deseo. Son un abrazo para mí. Un reconocimiento al esfuerzo, a la perseverancia, a mi historia de origen, pero sobre todo a la historia que uno lleva dentro. Que el barrio, que mi Lanús me reconozca, y que la obra viaje más allá de fronteras, son señales de que lo que escribí, lo que escribo, puede dialogar con distintas personas y lugares. Me sentí muy reconfortado.
Presentaste tu obra en el Museo Granate, en Alicante y en Barcelona. ¿Qué recuerdos guardás de esas presentaciones internacionales?

—Los recuerdos que guardo son increíbles. Cada presentación fue única. En el Museo Granate fue volver a casa y que me reciba el club de mi vida, porque es una gran parte de mi vida, ahí conocí a mi esposa y se criaron mis cinco hijos. La emoción que sentí al ver juntos a amigos de mi padre, a vecinos, amigos y amigas que no veía hace mucho tiempo fue tan enorme que no se puede explicar; fue una vuelta al origen. Había más de cien personas. Esa presentación me permitió todo eso; por eso, y valga la redundancia, nunca olvidaré ese momento.


En Alicante fue especial, ahí radica un entrañable amigo, Ricardo y su familia, que forman parte de la historia de mi primera novela, su madre se crió con mi papá. Tanto ahí como en Barcelona descubrí cómo mis palabras podían cruzar océanos y seguir encontrando lectores. Guardé la emoción de sentirme acompañado, incluso lejos de mi lugar. Fue una gran emoción comprobar que mis palabras viajan y encuentran lectores lejos de casa.
Estás trabajando en una tercera novela. ¿Podés adelantarnos algo sobre la temática o enfoque?
—Es una historia que combina política, arte, arte espoleado y espionaje, con un trasfondo histórico que conecta Europa y Argentina, una especie de puente entre continentes. Un puente entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Malvinas. Obvio que no falta la música y, Julia, protagonista de Ella es un arcoíris, viaja a Europa. Creo que es una novela más ambiciosa en estructura, y me está llevando a investigar mucho. Quiero que sea una novela que también dialogue con el presente a través del pasado. Me gusta mucho ese juego del tiempo, mis dos novelas anteriores lo tienen.
Si bien repite algunos personajes de la segunda novela como Julia y Daniel, el psicólogo, presente también en la primera y con algunas sorpresas más de Hijo 'e Tigre, las tres historias se pueden leer de forma independiente.

Si tu historia de vida fuera una novela, ¿cómo titularías el capítulo de “convertirse en autor” y por qué?
—Creo que muchos, por no decir todos, podríamos hacer una novela con nuestra historia.
Es difícil definirlo pero yo lo llamaría "El salto". Porque fue animarme a dejar la comodidad y enfrentar la incertidumbre.
Yo siempre fui muy lector y había escrito, por una de mis especializaciones profesionales, algunos informes técnicos extensos, pero escribir fue distinto. Cuando me encontré con esas primeras catorce páginas, me di cuenta de que necesitaba algo más para mi producción literaria. Por ello, escribir fue, y sigue siendo, un salto hacia lo desconocido, fue animarme a lo desconocido, pero también hacia lo más verdadero de mí mismo. Como dije más arriba, un salto al vacío. No puedo olvidar que a mí, la terapia me convirtió en escritor.
Sitios del autor:
https://www.instagram.com/omar__lares/ Conseguí Ella es un arcoíris en: Yenny | El Ateneo







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